Acostumbrados a vivir en una butaca con vistas al mar, los ciudadanos de los países ricos nos sentimos abrumados cada vez que una crisis interrumpe nuestra siesta. A la pandemia actual los medios le han concedido la medalla de oro de las catástrofes pese a que catástrofes hubo muchas y en su mayoría más virulentas. Occidente viste un traje comodón, casi de chándal, y se ofende cuando el normal transcurso de las cosas (trabajar, consumir, viajar, invertir) se ve interrumpido por un aleteo de mariposa tan ridículo como la caca de un murciélago engullida por un pangolín engullido por un señor chino. Y sin embargo es lo que sucede y sucederá por más que Elon Musk planifique su mudanza a Marte y el doctor Hiroshi Ishiguro vaticine órganos sintéticos donde antes latían viejos corazones [el doctor Ishiguro se ha clonado a sí mismo, más o menos, así que nada de lo que diga debe extrañarnos].

El caso es que el parón económico se ha producido, colocando a la economía en una mala postura y destapando nuevamente a las startups como la rareza que muchos españoles todavía piensan que son. Víctima de su anglicismo, la startup no es en realidad más que una pyme que, con el tiempo, una caña y mucha fortuna, se transforma en una multinacional llamada unicornio. Este prejuicio individual e institucional ha empujado a los emprendedores al clásico redil bancario del ICO, donde unos analistas muy cualificados interpretan unas métricas que a veces ni siquiera existen para dilucidar si la empresa en cuestión merece o no el apoyo (con intereses) del Estado. CDTI y Enisa disponen de instrumentos crediticios adicionales, pero en ningún caso el montante se asemeja a los millones de euros reservados exclusivamente al ecosistema por los gobiernos de Alemania y Francia. 

créditos ICO

Estábamos pues recostados en una butaca bien orientada a Poniente, con un daikiri entre las manos y las piernas bronceadas sobre la mesa cuando de repente los parámetros habituales se colaron en el cubo de la basura y las startups de viajes inspiradas en Airbnb o Skyscanner se fueron al garete y otras muchas quedaron en tierra de nadie mirando de reojo la caja registradora y algunas menos, afortunadas ellas en mitad del caos, dispusieron de la tecnología adecuada en el momento ideal o releyeron la realidad y se adaptaron a una función donde ya nadie se toca.

Esta catástrofe ha sepultado a unos héroes y relanzado a otros, cosa que ocurre a menudo independientemente de las circunstancias, pero deja grabadas en mármol algunas conclusiones: A. La digitalización de productos y servicios es inevitable. B. El consumo contará en adelante con una etiqueta responsable. C. Los reflejos y la flexibilidad serán críticos en la era de la volatilidad. D. La batalla por el dinero del cliente se librará euro a euro y céntimo a céntimo. Ésta es también la era de la competencia. E. Mientras España siga sospechando de la startup (es decir, del empresario), estará muy por detrás del entorno europeo en términos de ayudas, fiscalidad y estabilidad jurídica.

Para revertir el prejuicio nos permitirán que barramos para casa alabando el poder de la narrativa. Es increíble que aún perviva el pensamiento que asocia el éxito al pelotazo.

La realidad de una startup es más sufrida en los comienzos y esconde bajo el felpudo toneladas de esfuerzo, privaciones y noches en vela que a veces desembocan en equipos henchidos de ilusión, determinación y visión. Claro que existen las ventas millonarias a fondos cuyo mantra es el negocio por el negocio, pero también hay fundadores reacios a vender, o fundadores que venden para seguir aportando a la sociedad a través de nuevas iniciativas, e incluso fundadores cuyo propósito real es cambiar el mundo diluyendo sus desequilibrios. Hay que elevar estas historias. Hay que darles brillo y manguera. Hay que colocarlas en el centro de un mirador que ya no está tanto en los medios de comunicación como en las redes sociales, escaparate asimismo de las web, blogs o sagas propias donde cada organización queda hermosamente retratada.

[Hermosura: cualidad del ser que se muestra tal cual es].